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CUESTIONES DEL ALMA
El Mercurio
El Sábado
1 de julio
TUVE UN SUEÑO QUE ME DUELE TANTO…
Estimado Gonzalo:
Tenía una pareja, a la que le di casi toda mi energía… lo
acompañé durante 8 años como amiga… luego fui su pareja
oculta soportando incluso a otras mujeres en su vida… lo
amé, de verdad… lo ayudé a salir de la droga… uff y cuántas
cosas más. Ahora él es un hombre “serio e importante en lo
que hace” y cuando yo estuve mal y perdida me dejó. Dice que
me ama, pero que no puede estar conmigo… no sabes cuánto le
he rogado. Teníamos un sueño, una casa de madera con dos
perros grandes y peludos… ¿Cómo me quito esta pena?
Soledad.
Estimada Soledad:
Se dice que las mujeres aman demasiado, y siempre me
pregunto cómo puede ser demasiado el amor. Tu carta y tu
sufrimiento lo dejan en evidencia; es demasiado el sentir
cuando nos lleva al olvido de nuestro ser, cuando nos
insensibiliza a las propias necesidades y voces interiores,
cuando nos hace creer que darlo todo es el remedio para la
obsesión de ser amados. Después de haber luchado con ardor
invencible, completado los sacrificios y ofrecido el dolor a
la causa sublime, llega siempre el momento en que la
realidad nos alcanza con amarga imparcialidad y nos obliga a
abrir los ojos a lo que no hemos querido ver: estamos solos.
El otro, el idolatrado, ése que tiene en su mano el poder de
hacernos felices o despeñarnos en un abismo sin fondo, se
encoge de hombros y nos desecha amablemente declarándonos
que su vida lo llama hacia otra parte.
El vacío que viene con el desplomarse de una ilusión tan
inmensa es intolerable; vivir se ha convertido en un deber
pesado y sin sentido. Es una pena larga, Soledad, la tuya,
porque entregaste tanto de ti a la enajenación romántica.
Volver a sentir que tú importas, volver a creer te tomará
algunas lunas doloridas. Enójate, para que descubras que su
desdén refleja una incapacidad de amar y no una fatal
confirmación de que nunca habrá amor para ti. Rebélate, para
que caigas en cuenta que fuiste esclava de una absorbente
misión soñada por tu anhelo. La pregunta para hacerte frente
al espejo : ¿Por qué necesitaste negarte a ti misma en la
adoración de otro ser?
Amar no contiene esa desesperación, ese fanatismo. No
requiere transformar al otro en un dios. Imaginar que tu
devoción, tu sacrificio iban a lograr recompensa final te
llevó a obstinarte en hacer un mérito que te desangró.
Tráete consuelo cada día, y vive la pena con belleza y
sabiduría. Recuerda que no eres víctima de nada ni de nadie,
y que sufres a consecuencia de un porfiado malentendido. Con
mucha neutralidad, contempla tu delirio y su consecuencia
para que vayas perdonándote tanta locura al tiempo que te
amas por haber amado tanto.
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