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CUESTIONES DEL ALMA
El Mercurio
El Sábado
SANAR LA TERRIBLE HERIDA
Estimado Gonzalo:
Estoy viviendo un amor muy grande pero muy doloroso. Somos
compañeros de universidad y todo está bien hasta que
llegamos al sexo. Ella fue violada a los 11 años por un
empleado de sus padres, y muchas veces, cuando estamos
disfrutando, le viene un ataque de llanto y desesperación
que me angustia y me vuelve loco de rabia con ese monstruo y
con todos los hombres que violan. Está en tratamiento con
una psicóloga, pero parece que es lento y largo. ¿Cómo puedo
ayudarla?
Max.
Estimado Max:
Lento y largo es, en efecto, curarse de una ruptura tan
violenta de la confianza en la vida, de una destrucción tan
brutal de toda sensación de estar protegida. Tu amada está
dañada en lo más íntimo, en el misterio mismo de la
sexualidad. Un misterio que todos necesitamos explorar con
cuidado, con delicadeza, y, sobre todo, voluntariamente, por
propio deseo y decisión. Ella ha podido recuperarse para
hacer su vida, ha logrado volver a caminar tranquila por las
calles del mundo, pero no está libre todavía de gozar sin
sombras. En eso, claro que puedes ayudarla, Max, y mucho.
La clave de su cura es poder adentrarse en el placer en un
estado de relajación y confianza que vaya evaporando las
emociones negativas que tiene asociadas al sexo. Para ello,
eres tú quien tiene que calmarse primero y hacerte capaz de
asistir a su dolor sin alterarte, permaneciendo cariñoso,
compasivo, firme en tu certeza de que todo irá bien. Es el
espacio de total amor que le puedes brindar lo que permite
el cambio.
Comprendamos el trauma mismo. La violación es aún más dañina
que un asalto común por la tremenda intensidad de excitación
y culpabilidad que el agresor está experimentando, una
violencia emocional contradictoria que tiene un impacto
psíquico paralizante en un alma inocente. Como has notado,
hay zonas de la sensibilidad de ella que siguen detenidas en
ese momento atroz, como si el tiempo no hubiera
transcurrido. Te explicas, entonces, que sea justamente la
intensidad de tu deseo masculino lo que activa la reacción
de angustia.
No te desesperes, noble Max. Transforma el frenesí de tu
deseo en un juego regalón y sensual en que ella siempre se
sienta en control. Acepta por ahora una pasividad que no la
amenace; despiértala una y otra vez de la pesadilla con la
suavidad de tu amor. Deja que conozca tu cuerpo sin apuro,
que recorra las estaciones de tu ardor sin salirse del
encantamiento. Envuélvela en un erotismo relajado que la
lleve a esa entrega en que el presente es lo único que
existe. Serás recompensado mucho más allá de lo que nunca
soñaste.
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