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CUESTIONES DEL ALMA
El Mercurio
El Sábado
DESGANADO, IRRITABLE, ENCERRADO EN MÍ MISMO…
Estimado Gonzalo:
No sé lo que me pasa. Tengo 28 años, me está yendo muy bien
en mi profesión, pero estoy desganado, irritable, y
encerrado en mí mismo. Lo raro es que recién, en las
vacaciones, me sentí fantástico y encontraba que mi vida era
cada día mejor. Hoy me parece que lo hubiera soñado. Trabajo
mucho, es cierto; no estoy pololeando, llego tarde a mi
departamento a puro mirar televisión, como idiota. Me da
lata salir, y lo peor es que me está costando dormir, aunque
esté agotado. No quiero tomar pastillas. ¿Es depresión lo
que tengo? Pero no veo motivo. A ver si me ayudas a salir de
ésta. Me llamo igual que tú.
Gonzalo.
Estimado Tocayo:
Stress, con todas sus letras, es el nombre que se usa hoy en
todo el planeta para designar con un solo disparo al
malestar ciudadano aburrido y desesperante que te está
atrapando. Cuando se agrava, produce ese cortocircuito con
quema de tapones que obliga a la licencia médica, los
fármacos y el reposo absoluto. Descanse, señor, usted se
está matando, te dirán. Pero el stress también destruye la
capacidad de descansar. El organismo está activado al
límite, abusando de los recursos de emergencia, aquéllos
reservados para las situaciones de máxima amenaza. Ese
alerta excepcional, esa velocidad de decisión que
despliegas, no la estás movilizando una vez porque un tigre
feroz te persiga, sino todos los días, a cada rato, por la
exagerada presión de tu trabajo y tu ciudad. Para poder
destacarte, triunfar, llegar adonde te propusiste llegar,
nuestro mundo te cobra el más caro de los precios.
Qué bueno que estés poniendo atención a las inequívocas
señales de deterioro en tu calidad de vida y tu sentir. El
stress es un mal colectivo, pero la salida es individual:
requiere darse cuenta, asumir y actuar. Con este cambio de
perspectiva, seguro que irás cambiando gradualmente tu
actitud laboral. Limita tu tiempo: ocho horas de trabajo
intelectual es el máximo, no el mínimo. Porque los remedios
que necesitas se encuentran sobre todo en el tiempo libre.
Aprender a relajarte, por supuesto. Suspender en tu cabeza
todo pensamiento de oficina, y enfocar la percepción al
mundo nutritivo de las sensaciones del cuerpo y las
vivencias del alma. El ejercicio físico intenso despierta
las energías del entusiasmo y la pasión; tres veces a la
semana te devuelven las ganas de vivir. Naturaleza y
silencio lo más a menudo posible; sensualidad y música al
volver a tu departamento. Usa la ducha y la tina caliente
para aflojar los músculos y dejar que el alma te atraiga a
sus oasis. Bailar, reír, compartir son formas naturales de
desconectar la mente de su artificial congestión. Tú eres tu
propio tigre; ¿por qué entonces, en vez de perseguirte con
un fantasma, no encarnas en tu propio ser la fuerza y la
belleza salvaje del magnífico animal que tienes adentro?
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