Psicología y Astrología

Gonzalo Pérez Benavides (2008)
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Gonzalo Pérez Benavides, nacido en Santiago en 1950, pertenece a esa ardiente generación que se entregó a la gran ola creativa y visionaria de los años 60.
Graduado en Psicología en la Universidad de Chile, fue desarrollándose como un pionero de la psicoterapia orientada a la evolución de la conciencia y su conexión con un universo viviente.
Fascinado por la investigación de los misterios del mundo interno, estudió con variados maestros y maestras, convirtiéndose en un reconocido experto en mitos, símbolos, sueños, y tradiciones espirituales de sabiduría.
En el libro UN ESPEJO CÓSMICO (Editorial Catalonia, octubre 2008) presenta los signos astrológicos como un código revelador de la inteligencia del alma en su secreto viaje a la plenitud.




Taller de Astrología
Evolutiva Nivel I - Año 2010
Por Cristián Moreno M.
Teléfono: 9 414 6572
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cristianmossuto@hotmail.com


 

COMPRAR CONFERENCIAS
DE GONZALO PÉREZ

Año 2010
• Sanación con los Ancestros, con Pedro Engel y Gonzalo Pérez.

2010: El inquietante rugido del Tigre.

Año 2009
• Doce llaves para abrir el alma al espíritu
.
2009, El año en que se definen los destinos.

Año 2008
• El año que abre el corazón, alineaciones planetarias, travesía del alma en el año 2008.
• Manual de supervivencia espiritual para tiempos difíciles.
• Espejos del alma, el romance, la pasión y la pareja.

Año 2007
• Revolución y creatividad.
• El colapso de las estructuras.
• 2007 y mas allá.

Año 2005
• Lecciones de amor, la familia, la pareja.

Contacto: Cristián Moreno M.
Teléfono: 9 414 6572

cristianmossuto@hotmail.com

Precio: $ 5.000 cada conferencia





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Gonzalo Pérez:
"La peor experiencia de la vida puede ser la mejor"

Entrevista en Revista Mujer. Diario La Tercera. 11 de abril de 2010.
Leer entrevista:
Parte 1 / Parte 2
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EL INQUIETANTE RUGIDO DEL TIGRE: una mirada predictiva al crucial 2010 desde las coordenadas de la cosmología arquetípica. El martes 19 de enero realicé esta conferencia sobre los probables escenarios colectivos e individuales a desplegarse este año, el Año del Tigre, de acuerdo a las muy especiales configuraciones planetarias del presente. Lo que dije está resultando francamente profético, y ayuda a comprender lo que estamos experimentando en lo personal y en lo chileno.

La conferencia está disponible en CD con un costo de $5.000.-
Llamar a Cristián Moreno al 9 414 6572.
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¡Cielos! ¿Qué está sucediendo?

UNA MIRADA A LAS COORDENADAS ESTELARES DE LA TRAYECTORIA DE NUESTRA HUMANIDAD DE AQUÍ AL 2012
(Ver artículo completo)


En la historia de la humanidad hay ciclos de crisis y renacimiento, con descensos a abismos estremecedores y luminosos momentos de despertar creativo. Se destacan ciertas épocas por sus significativas transformaciones de la sensibilidad, otras, por las encrucijadas éticas de
consecuencia trascendental, como la que enfrentamos hoy. A la mirada intuitiva, estos desarrollos sociales no parecen ocurrir azarosamente, sino siguiendo ciertas direcciones evolutivas no muy diferentes a las del individuo. Jung, desde su reveladora propuesta de un inconsciente colectivo, entendía este viaje de la especie como una trayectoria en espiral, activada por la irrupción cíclica de potentes arquetipos, capaces de encender, para bien y para mal, épocas enteras. Tal como en la evolución de la persona, observó en estas épocas de crisis decisivas oportunidades de crecer a nuevos estados de conciencia e identidad. Es clásico el ejemplo de la revolución copernicana, cuando dejamos de creernos el centro inmóvil del universo, al caer en cuenta que habitamos un pequeño planeta, en órbita en torno a un sol no diferente a muchas otras estrellas. En la experiencia individual, el salto copernicano de conciencia corresponde obviamente al final de la primera infancia.

Jung, maestro de la psicología profunda, intuía que las coordenadas astrológicas, en su misteriosa sincronía con los eventos terrestres, podrían indicarnos ciclos y regularidades coincidentes con nuestro evolucionar. Comprobó abundantemente este coincidir en la escala del individuo. Pero, en su época, no era técnicamente posible llevar la investigación sincronística a la historia de la civilización.

Hoy, el gran salto tecnológico de la computación sí lo permite. Podemos investigar en detalle la situación astrológica de los años en que se construía el Partenón, o enseñaba Gautama el Buda; la configuración celeste del encuentro de César y Cleopatra o de la primera representación de La flauta mágica.

La investigación formidable y pionera de Richard Tarnas ha establecido los cimientos de esta novísima Cosmología Arquetípica, entregando evidencia concreta de la sincronicidad entre geometrías cósmicas y procesos evolutivos de nuestra humanidad. Sus resultados nos permiten constatar, atónitos, la majestuosa exactitud del coincidir de las alineaciones entre los grandes planetas con los tiempos de cambio y novedad en la historia.
La pregunta por el presente aflora, espontánea. ¿Qué sucede arquetípicamente hoy, un nítido tiempo de cambio y novedad en nuestra historia humana? ¿Cuáles son las dinámicas planetarias presentes en el presente?

La evaluación de nuestro presente histórico, sin embargo, no concita opinión unánime; por el contrario, las impresiones están muy polarizadas. Algunos creen que nunca hemos vivido una época más oscura; argumentan, con fundamento, el deterioro del ambiente, la masiva enajenación e indiferencia pública,
la dictadura ejercida por medios de comunicación escandalosamente manipulativos, la ausencia de líderes, ideales y causas altruistas, el poder sin contrapeso de los intereses económicos. Otros, por su parte, afirman que estamos viviendo un tiempo prometedor: no una época de cambio, sino un drástico cambio de época. Apoyan su optimismo señalando un desplomarse generalizado de los viejos paradigmas y estructuras de poder; un despertar libre y extraoficial de la espiritualidad, visible en las nuevas generaciones junto con un redescubrir indetenible de la naturaleza, los valores femeninos y el liderazgo horizontal. La conciencia egocéntrica estaría dando paso a una conciencia holocéntrica, o cosmocéntrica.

Además de la oportuna materialización de una tecnología de incalculable potencial, capaz de brindarnos revolucionarios puentes al futuro, como lo ha hecho, por ejemplo, con la intercomunicación instantánea, democrática y global que es Internet.

Cada uno de nosotros, en el vivir diario, probablemente alterna entre las dos visiones extremas, según oscila nuestro estado de ánimo. Por supuesto, convencidos en ambos casos de estar absolutamente en lo cierto.
Desapegándonos de la pura opinión, con su inevitable rebote dicotómico, serenándonos, podemos comenzar a contemplar. Y recordar así que la nave espacial Tierra, desplazándose por un espacio sideral en apariencia vacío, está en verdad atravesando campos de diversas energías, océanos de ondas y pulsación, decisivas geometrías de luz. Que su trayectoria estelar la va alineando con vectores de poder, contactándola con fuerzas sutiles, nutriéndola con nueva información cósmica (más).

(Ver artículo completo)
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Me enviaron recién esta reveladora entrevista al psicólogo/astrólogo que ha iluminado mi navegación transpersonal en la astrología: Richard Tarnas (nacido en Piscis el mismo año 50). Cada vez que leo algo suyo quedo atónito con su maestría (
leer entrevista).


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  Anticipo inédito de mi próximo libro:

NUESTRO ÚNICO VIAJE

¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos?


No sé bien cuándo empecé a hacerme estas preguntas, pero hacia los últimos años de la infancia ya eran foco frecuente de mi atención y reflexiones. ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos? A muchos les ocurre, en esa edad seria e inocente que antecede a la vorágine de la pubertad.

Corresponde a la intuición espontánea de pertenecer a un gran todo, cuyo devenir influirá inevitablemente en la propia felicidad.

Mi observación de niño encontraba muchas señas alentadoras sobre el estado y pronóstico de la humanidad, o del Hombre, como se decía entonces. Desde luego, los horrores de la última guerra mundial habían quedado atrás. El mundo progresaba aliviado, complacido. Europa y Japón se reconstruían con éxito; en un edificio alto y moderno de la ciudad de Nueva York, representantes de todos los países se reunían permanentemente para garantizar que las Naciones Unidas siempre mantuvieran la paz.

Los avances científicos eran impresionantes. Naves espaciales se aventuraban por el misterio exterior. Todos los días descubrían o inventaban soluciones a enfermedades o problemas; nuevas máquinas facilitaban en forma increíble el trabajo, la comunicación a distancia, los desplazamientos, la automatización. Con esas ayudas, la pobreza y el subdesarrollo iban a desaparecer a corto plazo. Se había propuesto un idioma universal, el esperanto, para que todos nos entendiéramos.
En las calles aparecían autos largos y futuristas. Cada vez veíamos más películas en colores. Un sueño muy esperado se hacía realidad: ¡llegaba la televisión al país! Razones para estar optimista, había.

Sin embargo, recuerdo la tarde de colegio en que la sombra colectiva me ocultó por primera vez ese sol prometedor. Todavía puedo sentir en el cuerpo la sensación funesta de frío e invisible oscuridad. Tocaba clase de matemáticas, pero varios compañeros llevaban radios portátiles que transmitían incesantemente sobre la amenaza inminente de una guerra, esta vez de destrucción nuclear: la crisis de los misiles a inicios de los sesenta. El mundo colgaba de un hilo. Se repetía la palabra Hiroshima, y su efecto era como el de un gas irrespirable.

Era excepcional aquella profesora de matemáticas. Con serena autoridad, nos trajo de vuelta a lo inmediato: el peligro era real, pero distante aún. El álgebra y la vida debían continuar.

Mi confianza en una humanidad que había recapacitado y enmendado el rumbo comenzó a resquebrajarse. Crecía, en cambio, una duda sobre la madurez de la especie para decidir su propio destino.

Eran los tiempos de la Guerra Fría, una guerra que todos esperábamos mantuviera baja su temperatura, porque, de subir, llegaríamos pronto a un enfrentamiento con resultado inevitable de catástrofe final. Un suicidio planetario sin día después.

Angustiaba confirmar que los hombres seguían creyendo que matar podía remediar alguna cosa. Pero no era lo único. Otras noticias tampoco presagiaban nada bueno. Se hablaba de una explosión alarmante, potencialmente más destructiva que ninguna otra, la explosión demográfica. Los progresos de la medicina estaban cambiando los equilibrios históricos entre nacimientos y supervivencia, y los humanos nos multiplicábamos como nunca antes. Se podía prever un crecimiento monstruoso de las ciudades y una expansión incontrolable de la miseria.

Y, si nuestro trato habitual a la naturaleza se multiplicaba también, con aún más explotación y más desechos, muy luego tendríamos un medio ambiente muriendo de contaminación y abuso.

Con el cielo azulado del Santiago de Chile de entonces, costaba imaginarlo, pero esas proyecciones venían de estudios científicos muy serios. Los tóxicos que nuestra actividad industrial eliminaba iban a envenenar el aire, los ríos, la tierra misma; en pocas décadas, el agua pura terminaría siendo el bien más escaso. En algunas partes, ya ocurría.
Gonzalo Pérez en su infancia

La destrucción del tesoro vivo se aceleraba día a día. Los bosques milenarios estaban siendo convertidos en papel desechable, y muchas especies se extinguían para siempre: árboles inmensos, hierbas con poderes curativos, mariposas, pájaros, tigres, ballenas…

Mi futuro de ciudadano del planeta, con una vida entera por delante, ya no me parecía tan auspicioso. El mundo en que me tocaba ser era un mundo amenazado.

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A continuación, la entrevista de Pía Rajetvic a Gonzalo Pérez para la revista Mujer del diario La Tercera (Domingo 2 de noviembre de 2008).

Gonzalo Pérez y su ópera prima
El viaje de un sicólogo hacia la astrología


Precursor en Chile de la sicología astrológica, este terapeuta ha hecho escuela y muchos jóvenes sicólogos lo siguen. Y a tres décadas de iniciado el camino que lo llevó a comprobar la solidez científica de la astrología y a convertirla en herramienta terapéutica, plasma en su primer libro todo su conocimiento. Ahí invita a navegar por los 12 signos del zodiaco "para conectar con los misterios del alma" (más).




GONZALO PÉREZ BENAVIDES
Psicología & Astrología

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